Robert Braun
(EEUU, 1921 – ? )
Transitorio, 1948
Pensylvania Academy of Fine Arts, Filadelfia, EEUU

La duda

Cuando los convocó al estudio hacía ya un largo tiempo que no se veían. Cada uno tenía su casa, su propia vida, y él parecía estar bien de salud y no necesitarlos. Llegaron los tres hermanos casi juntos y apenas si tuvieron tiempo para preguntarse entre ellos a qué se debería esa inesperada convocatoria. Paula sostenía que había conocido a una nueva mujer y quería sondearlos para ver cómo reaccionaban. Los otros ni le respondieron: aun en vida de su madre el viejo siempre tuvo alguna amiga, según las denominaba.
Entraron al estudio, desordenado como de costumbre, y los tres se quedaron boquiabiertos ante un cuadro de grandes dimensiones que ocupaba la pared tras su escritorio. Un retrato suyo que lo mostraba tal como era unos quince o veinte años atrás, en su mejor época, cuando todavía era fuerte y poderoso.
Les preguntó por ellos, por sus vidas y familias, cuidándose de dar nombres de parejas o nietos porque nunca se preocupó por memorizarlos. Respondió con evasivas todo lo que le preguntaron sobre él, y tras aclararles que no tenía nada para convidarlos anunció que procuraría ser breve. Muy breve, dijo, e inmediatamente desplazó una mesa con ruedas sobre la que se apoyaba la voluminosa maqueta de una construcción vasta y extraña, si no estrafalaria. Todos hicieron algún comentario banal, y él hizo señas para que callaran y habló.
–Este pudo ser el lugar anhelado para los que nos conocemos desde hace mucho y para todos los que aun sin habernos visto nunca nos sabíamos conectados. Pusimos todo nuestro esfuerzo en construirlo, y nadie podrá decir que flaqueamos en la tarea. Más aún: dejamos ahí nuestros mejores años. Y no diré que renunciamos a esto o aquello, porque no nos interesaba otra cosa que darle forma, habilitarlo y continuar trabajando en ello a diario, con planos apenas pergeñados pero que se iban concretando día a día. Uno decide: esto mejor que eso, eso antes que aquello, la estabilidad para todos por encima de la conveniencia personal, renunciar a cierto efímero bienestar para darle vida a un futuro mejor… Algo falló. Nos esforzamos hasta más allá de nuestros límites, pero algo falló. El plan pudo tener sus puntos flojos pero no era inviable, tal vez podrían reprocharse algunos detalles…
”¿Apuntamos demasiado alto? Es posible.
”¿Le dimos demasiado espacio a la estética? Creamos castillos en el aire, dicen algunos. Puede ser, pero quienes lograron verlos se maravillaron y los tomarán de modelos para en un futuro hacerlos bien cimentados.
”¿No tuvimos en cuenta nuestra propia ética? Me queda el resto de mis días para pensarlo. Y eso es lo que quiero decirles: dejo todo a ustedes y yo me voy a un hogar de retiro, donde me atenderán y a la vez podré hacer varias cosas, incluso vida social. Mi abogado los convocará y con él arreglarán todo –concluyó.
No recordaban que su padre tuviera mucho para dejar, era gastador y había hecho inversiones poco afortunadas. Pero además los había intrigado con su alocución y casi al unísono le preguntaron por la maqueta, dónde habían erigido ese barrio, ciudad o lo que fuere.
Él sonrió y dijo algo como que eso era pasado y por lo tanto no valía la pena removerlo. Entonces se puso de pie y agradeció que hubieran acudido a su invitación, con lo que los estaba despidiendo.
En el momento no se dieron cuenta, pero después los tres lo comentaron: ese cuadro a sus espaldas lo mostraba sentado ante una rara estructura que parecía responder a la maqueta.
Lo suyo fue una verdadera despedida. Pocas semanas después los llamó su abogado para informarles con mucha frialdad que el arquitecto había fallecido por una enfermedad terminal, que de acuerdo a indicaciones previas había sido incinerado y que en breve los convocaría para la lectura del testamento.
Cuando llegó ese día se enteraron de que, como suponían, al viejo solo le quedaba su viejo Mercedes Benz y el estudio. Sin que ninguno lo propusiera, hacia allí se dirigieron apenas cumplidos los trámites de rigor.
La maqueta, rota en cientos de pequeños pedazos, ocupaba un par de bolsas junto a la puerta de entrada. El cuadro no estaba. La biblioteca mostraba los estantes vacíos y solo se apilaban algunas carpetas en la parte alta.
Nunca sabrán qué quiso decirles el viejo. El desentendimiento entre ellos y él había sido mutuo y permanente.
A veces los hermanos se ven para algún cumpleaños u otro festejo y se preguntan qué buscaban el viejo y sus amigos. Nunca llegan a nada, pero coinciden en algo: se anticiparon o se atrasaron, pero no lo intentaron en el momento oportuno.

 

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