Malcolm Parcell 
(EE.UU., 1896 – 1987)
Return to the Village, 1925
Carnegie Museum of Art, Pittsburgh, EE.UU. 

Viaje al pueblo

(Discreto elogio de la abuela Mima)

Sucedía de improviso: el abuelo buscaba al tordillo y lo ataba a la jardinera. Nos vamos al pueblo, decía en voz alta. Y la abuela Mima aparecía con su vestido gris, el pelo recogido, la cara lavada y los labios pintados de un rosa pálido. Cargaban damajuanas, bolsas y otros recipientes en los que acarrearían las provisiones para los próximos días. Ella siempre me traía golosinas y alguna chuchería; él ni siquiera me saludaba.
Los veía viejos, pero yo era muy niño y ahora que hago cálculos compruebo que eran adultos jóvenes, sobre todo ella, unos cuantos años menor.
El abuelo, viudo de un matrimonio anterior, tenía tres hijos que se llevaban mal con Mima, con la que había tenido un solo hijo, que se fue todavía adolescente a la capital y armó pareja con una italiana que conoció allí. A poco de eso tuvieron un niño y al año siguiente vinieron al campo a pasar las fiestas. En el camino se estamparon con su Fiat contra un camión y murieron los dos. Yo quedé llorando en el asiento trasero, y de ahí pasé a la chacra de mis abuelos, donde me criaron.
En la tarde de uno de esos viajes al pueblo el viejo volvió solo.
–La abuela desapareció –respondió a cuantos le preguntaron–. Me cansé de buscarla en los negocios, casas de amigos y conocidos, fui a la iglesia, al hospital… Terminé en la comisaría.
Situaciones como esa por entonces eran insólitas y difíciles de entender. Solo había entonces dos palabras para explicar el hecho: la locura o la infidelidad. Procurando preservar la honra y aunque sin convencimiento, la familia prefirió orientarse hacia la primera, aunque no pudo demostrarlo: la abuela Mima no volvió y pasó a ser un recuerdo, acaso un enigmático recuerdo.
Nunca lo dije, pero la noche antes de su desaparición yo la vi escondiendo una pequeña maleta bajo las bolsas.

Scroll al inicio