Deborah Bell
(Johannesburgo, 1957)
Amantes en un cine, 1985
Iziko South African National Gallery, Cape Town, Sudáfrica

Esa luz azul

El cine del siglo pasado no se parecía en nada al de ahora. En nada.
Las películas se exhibían en teatros de variada categoría y discreto estado de conservación, distantes de los actuales comederos y bebederos a los que la gente va a ingerir chatarra y el aire huele a pochoclos y mostaza.
Para nuestros mayores fue motivo de salida, encuentros furtivos, consumación de parejas –cualquiera de nosotros puede deber su existencia a la proyección de alguna cinta de entonces… Luego esos proyectos de matrimonios y los ya constituidos continuaron tomándolo como la alternativa sabatina al hastío semanal.
Vamos más atrás. Wilhem Reich fue un psiquiatra y psicoanalista austríaco que nació en 1897 y murió 60 años después en una penitenciaría de EE.UU., dejando en ese momento dos tribunas repletas, una de seguidores y la otra de detractores. El hombre pasó de haber sido discípulo de Freud en Viena a condenado por estafa en Pensilvania (de ahí su muerte en una cárcel, lugar que nadie elegiría para tan trascendental acto), y en medio de eso se metió al estudio del psicoanálisis, la sexualidad, el marxismo y a la invención de un extraño aparato que hasta fue puesto a prueba –aunque desestimado– por Einstein.
En alguno de los tablones de la hoy menguada parcialidad de seguidores de Reich se ubican quienes lo consideran un revolucionario que aunó el psicoanálisis con el marxismo; del otro lado, psicoanalistas de distintas escuelas lo ven como un lunático.
Reich desarrolló la teoría de los orgones, que él llamó así para combinar “organismo” y “orgasmo”, y sostenía que la energía orgónica era fundamental para la vida y para el orgasmo. Cuando esa energía decaía o se bloqueaba provenía la enfermedad o la decadencia, pero fue más allá: sostuvo que la represión sexual y la falta de satisfacción podían contribuir a la formación de personalidades fascistas y a la aceptación de sistemas políticos autoritarios. (Todo el mundo ve o lee las noticias de actualidad y cada uno sabrá sacar sus propias conclusiones al respecto).
Sus problemas comenzaron cuando afirmó que los orgones estaban en el aire, que había podido aislar uno y verlo al microscopio y que era de color azul. Pero fue más allá: armó un “acumulador de orgón”, una caja en la que el paciente se introducía y –afirmaba Reich– tras varias horas de bombardeo orgónico salía recuperado, y comenzó a venderlos. Eso fue demasiado para el tío Sam: tras varios pasos intermedios resultó condenado por estafador.
Pero volvamos al cine. Hubo por acá quienes aseguraban haber visto en las trasnoches del Palace corpúsculos azules flotando en la sala.

 

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